
ALADYR urge a adoptar el reúso como eje estratégico en América Latina
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“El agua no es un desecho, no importa el uso que se le haya dado” es el mensaje de la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua, ALADYR, para este 30 de marzo, Día Internacional de Cero Desechos, para resaltar la necesidad de una infraestructura de aprovechamiento de efluentes cloacales que permita una mejor adaptación a los desafíos de escasez hídrica que el cambio climático supone para la región.
“Imagine que el bien más preciado de su patrimonio sea desechado sin ningún tipo de escrúpulos. Pues, esto es lo que se está haciendo en América Latina con el agua en un contexto en el que cada vez escaseará más” dijo Jerry Ross, presidente de ALADYR.
De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), más de 34 millones de personas carecen de acceso a agua potable en América Latina, mientras que aproximadamente 106 millones no disponen de infraestructura de saneamiento adecuada. Esta deficiencia estructural facilita la descarga de aguas residuales sin tratar en ríos, lagos y acuíferos, lo que exacerba la contaminación hídrica. “El no disponer de una red de tratamiento y posterior reúso de aguas residuales tiene un triple perjuicio: el desperdicio de recursos hídricos en un momento clave para la adaptación al cambio climático, la contaminación de las fuentes naturales cada vez más menguadas y, finalmente, la exclusión de millones de latinoamericanos de servicios básicos para su desarrollo” opinaron.
Según la Asociación, pronto se cumplirá una década del Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos: Aguas residuales, el recurso no explotado, en el que se exhorta a un cambio de paradigma sobre los efluentes para ser considerados como un recurso valioso, pero a su parecer “los países han hecho caso omiso a este llamado”.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que solo el 20% de las aguas residuales generadas en la región reciben un tratamiento adecuado antes de ser vertidas en el ambiente
“Se trata de un caudal de recurso hídrico que Latinoamérica ya no puede darse el lujo de desperdiciar. Toda agua usada debe ser recolectada y toda agua recolectada debe ser tratada para su posterior uso en sectores industriales y de riego” añadió Ross.
Según el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, CAF, se necesitan aproximadamente 253 mil millones en inversión de infraestructura para cerrar la brecha de agua potable y saneamiento para el 2030. “Lamentablemente, las inversiones no se están dando en estos niveles y tememos que no se cumplirá con la meta” acotaron.
El cambio climático introduce una variable adicional de vulnerabilidad. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que América Latina experimentará una reducción significativa en la disponibilidad de agua dulce en las próximas décadas. Esta crisis tendrá efectos transversales en la producción de alimentos, la seguridad energética y la estabilidad económica de la región, por lo que el reúso de agua se hace imprescindible para llegar a la máxima eficiencia posible.
El sector agrícola, que consume el 70% del agua dulce disponible en América Latina según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se encuentra particularmente expuesto a la variabilidad climática. La disminución de caudales en ríos estratégicos para riego amenaza la sostenibilidad de la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria de millones de personas. En paralelo, la expansión de zonas urbanas y el crecimiento industrial aumentan la demanda de agua, agravando aún más la presión sobre las fuentes hídricas disponibles.
“Entonces, no podemos seguir desperdiciando el agua. Actualmente, el mercado dispone de tecnologías que permiten tomar los efluentes de la peor calidad imaginable y tratarlos para hacerlos aptos para el riego agrícola cumpliendo con los más altos estándares sanitarios” explicaron.
Los riesgos de desechar el agua
Desde una perspectiva de salud pública, la contaminación del agua representa un desafío de magnitud considerable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de 15 mil niños menores de cinco años mueren anualmente en América Latina debido a enfermedades diarreicas derivadas del consumo de agua contaminada y la ausencia de infraestructura sanitaria. La exposición a metales pesados, pesticidas y residuos industriales presentes en los cuerpos de agua compromete aún más el bienestar de la población, generando costos sanitarios y pérdidas económicas significativas.
Bajo este contexto, sumaron, es imperativo superar la concepción del agua residual como un desecho y posicionarla como un recurso estratégico dentro de un esquema de economía circular. La implementación de infraestructura para el reúso del agua debe constituir un eje central en las políticas hídricas y erigirse como la primera barrera ante la creciente amenaza de la escasez. “Estos sistemas optimizan la eficiencia del recurso, reducen la carga contaminante sobre los ecosistemas acuáticos y fortalecen la resiliencia hídrica” reiteraron.
Experiencias exitosas en América Latina demuestran la viabilidad del reúso del agua. En México, Chile y Brasil, la integración de tecnologías avanzadas ha permitido la regeneración de aguas residuales para su utilización en procesos industriales, riego agrícola y recarga de acuíferos.
El proyecto Aquapolo Ambiental en São Paulo, Brasil, es el proyecto de reutilización de agua para fines industriales más grande de América Latina y representa un ejemplo de colaboración público-privada entre Sabesp (pública) y GS Inima (privada). Este proyecto a gran escala demuestra la viabilidad y los beneficios de la reutilización del agua y proporciona un modelo para otras regiones que enfrentan desafíos similares.
Para finalizar, en este Día Internacional de Cero Desechos, instaron a la reconfiguración de las políticas de gestión del agua para garantizar la sostenibilidad del recurso en América Latina. “La transición de un modelo de explotación lineal a uno circular representa el camino ineludible hacia la seguridad hídrica, la resiliencia climática y el bienestar de las generaciones futuras” concluyeron.